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tropo sutil - la ironía y su mundo :->

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Ironía de la mente.

Ironía de la mente.

"En 1949, Egas Moniz... recibió el premio Nobel de medicina por sus trabajos en el campo de la neurofisiología (podéis buscar en google; encontraréis un poco de todo, pero os facilito esa página)
Había descubierto que cortando el lóbulo pre-frontal, se suprimía el miedo.
Sin embrago este lóbulo esta dotado de una función particular: trabaja sin parar y nos permite visualizar las eventualidades del futuro.
Ese descubrimiento abría la vía a una toma de conciencia: lo que motiva el miedo es nuestra capacidad de proyectarnos en el tiempo. Esa aptitud nos puede llevar hacia peligros presentidos y, claro que, al final hacia la toma de conciencia de que un día moriremos.
De allí que Egaz Moniz concluyó que… no pensar en el futuro, es reducir su angustia."

Del libro de Bernard werber, ”Nosotros los Dioses”


Lo realmente irónico en este descubrimiento, es que más de una vez hemos oído que tenemos que razonar frente al miedo para darnos cuentas de que las cosas no son tan terribles. Y resulta que ahora es parte de nuestra actividad del raciocinio que nos provoca ese miedo.
Claro que no es, como se podría decir en matemáticas, condición suficiente y necesaria (ni si quiere suficiente), pero está claro que si es necesaria para comprender el miedo.
Para entender quizás mejor ese entramado que es el cerebro os recomiendo un buen libro de David Servan-Schreiber titulado Curación emocional (no dejaros llevaros por el título; el libro no es de esos de autoayudas.).
Os sorprenderá de lo que el cerebro es capaz de hacer, y de las demás cosas interesantes que rondan en ese cúmulo de neuronas.


Tropo Sutil ;->
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Reacción irónica....

Cuando sólo tenía 7 años..., el pequeño Erickson miraba su padre intentando meter a un ternero dentro del establo.
El padre tiraba sobre la cuerda pero el ternero se encabritaba y se negaba a avanzar.El pequeño Erickson se reía y se metía con su padre.
De pronto el padre le dijo: “haz lo tu si te crees más listo”

Entonces el pequeño Erickson tuvo la idea de, en lugar de tirar de la cuerda, ir detras del ternero y de tirarle del rabo. Al momento, como reacción, el ternera se fue hacia delante y entro en el establo.

40 años más tarde este niño inventaría la hipnosis ericksoniana, una manera de utilizar la sugestión con el fin de que los pacientes se comporten mejor.

Del mismo modo, podemos, nosotros mismos, verificar cuando uno es padre que si su hijo tiene su dormitorio desordenado y que se le pide que ponga algo de orden dentro, se negará.
Sin embargo, si aumentamos en desorden en el dormitorio trayendo más juguetes y ropas, tirándolos por todas partes, el niño acabará por decir. “déjalo ya, aquí no se puede estar, hay que ordenar todo”.

Si consideramos la Historia, la sugestión paradójica ha sido utilizado consciente o inconscientemente en todo momento: ha hecho falta dos guerra mundial y millones de muertos para inventar la ONU, ha hecho falta excesos por parte de algunos tiranos para que se inventa los Derechos Humanos, y ha hecho falta Tchernobyl para tomar conciencia del peligro de las centrales nucleares con falta de seguridad.

Del libro L'Encyclopédie du Savoir Relatif et Absolu

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Otra gran ironía ...

Otra gran ironía ... Quiero hacer eco... de la noticia parecida en la revista CLIO del mes de noviembre 2004.
Reconozco que las novelas históricas no ocupan el mejor puesto en mi lista de lectura, y creo que en el de otros tampoco. Sin embargo los últimos libros más vendido son novelas de historias casi de ficción (por apoyarse en pruebas y hechos históricos).

Que sean best sellers creo que cualquier de nosotros a esa altura, no vemos nada malo en ello. Ahora que la gente que lea ese tipo de libro y se crean al dedillo todos los argumentos sobre los cuales se apoyan - cuando se ha repetido hasta la saciedad de que no son correcto - no dejar ser otra de las Grandes Ironías de la vida socio-política en este nuevo siglo ;->

(Se cambian fechas, no se describe con exactitud un lugar, se traduce según convenga las iniciales ej: P S en la famosa iglesia que aparecía en el "Código Da Vinci". El sacerdote esta harto de decir que son la iniciales de San Pedro y San Suplicio patronos de esta iglesia y no del Priorato de Sion; y un largo etc.).

Y ¡ojo! Que que no les van a convencer del contrario ;o). Así, pienso que si queremos leer ficción que leamos ficción, si queremos leer novelas históricas, pues lo mismo; pero que la gente tenga algo de sentido comun si lee una mezcla de las dos, sino Dios tendrá que salvar algo más que América ;->

A continuación os dejo parte de ese articulo



En los últimos veinticinco años, desde loa publicación en 1.980 de El nombre de la Rosa, el dominio de la ficción se ha nutrido a menudo del campo de la historia. No era la primera vez que ocurría, pero sí se iniciaba un nuevo referente literario con gran repercusión mediática. Surgieron los llamados best sellers de calidad, como el citado libro de Humberto Eco o las famosas Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, en los que la historia daba fe de una trama.

La década de los 90 fue la de Alatriste, Alexandros y el Egipto de Christian Jacq. Grandes éxitos que, aunque ocasionalmente tenían algunos deslices - desde el punto de vista histórico - , globalmente retrataban bastante bien los períodos expuestos.

El cambio de siglo vino marcado por la consolidación de la novela histórica como género literario dominante en las principales listas de venta, con gran proliferación de títulos y editoriales especializadas. Llegados a este punto, nada hacía auspiciar grandes cambios. Sin embargo, la última temporada ha visto aparecer la explosión de un nuevo fenómeno editorial. Las listas de ventas se han colapsado con títulos como La hermandad de la Sábana Santa, El último merovingio, El enigma del cuatro o El club Dante... y, por supuesto, El código Da Vinci.

En todos ellos parece reproducirse una misma estructura: personajes históricos y misteriosas sociedades secretas aparecen implicados en una vibrante trama de corte policíaco. El rigor histórico ya no es importante (la historia incluso es falseada a propósito), la calidad literaria tampoco. Pero son libros de fácil lectura, entretenidos, que parecen satisfacer la curiosidad de los lectores.

Desde CLIO nos duele que este sea el signo de los tiempos, porque, aunque aceptamos que una obra de ficción no tiene por qué estar prisionera de un contexto histórico, nos apena ver la historia reducida solo a un sencillo escenario de cartón piedra, y sobre todo nos entristece ver cómo se inventa un pasado, a medida, para cuadrar el argumento de una novela. La confusión que provoca esta nueva moda editorial puede llegar a ser irreparable.



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