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tropo sutil - la ironía y su mundo :->

. : ECLECTISMO : .

. : ECLECTISMO : .

Ante todo, perdón... por no poder escribir más a menudo, y escribir cada vez mas tarde.

Aún así siempre intento tener preparado algo, a pesar de que me falta rato libre no sólo para escribir sino también para elegir temas.

Esta vez os dejo un trozo de un texto sacado de la página de Roland Michel Tremblay y concretamente de su libro o parte de el publicado en la red: L'éclectisme.

He intentado traducirlo lo mejor y más rápidamente posible: primero utilicé el traductor babelfish de altavista y luego retoque las frases que no se habían traducida correctamente.

A pesar de su lado filosófico, tiene una gran carga irónica, quizás difícil de apreciar, pero, dejando nuestros prejuicios a parte, que podremos disfrutar


Capitulo II***
¿Tengo un nombre? ¿Debo de hacer algo de respetable? No. Exactamente, vivo. Y vivir puede llevarnos de un documental televisado a una sala de fiestas londinense en un momento. Bebo Cointreau esta noche. Vivía en Bélgica no hace mucho tiempo, justo exactamente dónde Rimbaud disparó a Verlaine con un fusil. Os lo juro, no pensaba en esto en este momento. Estoy ahora lejos de un sitio tan deprimente. He vivido el infierno de uno maldito. Un pobre campesino que se había comprometido y luego, en el último segundo, cambió de opinión. Soy demasiado grande. Soy demasiado potente. Estoy lleno de esa energía que se derrocha a bailar en los clubes o a reflexionar sobre un futuro que no vendrá nunca. Todo y cada uno me da pena, como yo me doy pena a mi mismo. La vida no es nada, excepto cuando se está borracho y drogado. Nunca deben de esperarse milagros. ¡Ah!, del ecléctico sobre todo, en nuestra vida. ¡Viví! ¡Yo! ¡Hice el amor a lo que existe de más joven y de más bello! Habría podido guardarlos todo para mí. Hacerles el amor hasta el fin de los tiempos. Porque soy guapo y joven. La vanidad nunca ha matado a nadie, solamente trae el desprecio de los desdichados y de los menos atrevidos. ¿Leyeron el Rojo y el Negro? Yo, sucumbo y gozo. Me da igual lo que dice el pueblo, la ciudad, el planeta. No se hablará aún del universo a este nivel, el universo es tan ignorante. ¿Nunca habéis probados las verdaderas drogas? Comprenderían entonces porqué uno se vuelve tan dependiente. Hablo para una generación. Para que no se pueda decir que antes se estaba mejor. Si antes era mejor, es que ahora se encuentran en lugar equivocado, con las personas equivocadas. La vida aún existe, existe siempre. Nada peor que de gozar de un pasado dudoso, allí donde la acción se desarrollaba, siglos antes de que viniéramos al mundo. Recuerdos antiguos que solamente los viejos pueden apreciar, y aún, por nostalgia solamente, ya que nada podría ser lo que fue. Vivo con mi tiempo, vivo en la acción. Es por eso que estoy en Londres y exagero la historia. Soñar vosotros en ello sólo para motivaros en vivir. He venido a este mundo para enseñaros a volver a gozar de la vida. Eso comienza con locuras. Ya hablé mucho de ellos, pero no me habéis, seguramente, oído. Vivo a Isleworth, Middlesex, London. Vivo junto con una persona que tiene doce años más que yo. Le fui infiel con jóvenes de dieciocho años que ni siquiera se daban cuenta que su futuro depende de ellas. Yo me impongo con toda la razón, construyo la motivación de los demás. ¡Fuck! ¿Qué es necesario decir para provocar una reacción? Perdido como el mundo lo es. A trabajar, esperando cualquier promoción que juzguen merecida. ¡No! Nada se merecido. Es necesario estar por encima de todo aquello. ¿Sería necesario ser amo? ¿Alcalde de la ciudad? ¿Rico industrial, estrella respetada y adulada? ¿Conde, duque, prefecto, obispo? Y porqué. ¿Qué encontraríamos sino esta lista espantosa de obligaciones insoportables? Se es más fuerte en el mundo de las ideas. Solo en su casa a reconstruir todos los principios del universo a su manera, para si sólo. ¡Ah!, la libertad de hacer lo que uno quiere, de hacer lo que sea para ser feliz sin la aprobación de los demás. Los demás os admiran por lo que no son, y os destruyen a continuación. Sin cesar tenemos la obligación de ponernos a prueba, hasta nuestra muerte. Podría escribir toda una novela, y nadie vería la esencia en ello [...]


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